Olvídate de la nube. La neblina será la próxima protagonista

Hoy solo se habla de la nube

La nube está en el centro de la estrategia de todos los gigantes tecnológicos, desde Microsoft e Intel a Amazon y Google ¿Y por qué no debería serlo, si todo está moviéndose a la nube, donde enormes centros de datos almacenan millones de terabytes de información?

Más importante, allí es donde se alojan billones de pequeños nodos de lo que se conoce como el internet de las cosas. Todos hablan sobre conectar gadgets entre sí, de forma que los usuarios la empresa puedan quedar liberados para tomar sabias decisiones basada en analíticas en tiempo real. Pero, ¿todo debería estar en la nube?

Pronto llegará la neblina

Muchos responsables tecnológicos están dándose cuenta de que muchos de los servicios, aplicaciones y datos de sus usuarios están mejor si están más cerca de la periferia, en más pequeños centros de datos.

Considerando las demandas de movilidad y la necesidad de análisis en tiempo real, por no mencionar la enorme cantidad de datos, puede ser más ágil procesar localmente toda esa información. Podemos darle la bienvenida a la próxima gran tendencia: la neblina.

Un consorcio de compañías, entre las que se encuentra Cisco, Microsoft e Intel, están pronosticando que el futuro pasar a por un modelo híbrido, dónde la información aplicaciones y servicios se dividirán entre la nube y la neblina.

El internet de las cosas

La nube es un cúmulo de enormes centro de datos centralizada que poseen compañías como Apple, Google, Amazon, Facebook y otras. Durante los últimos años, en lugar de correr aplicaciones y almacenar los datos en los clientes, en ordenadores, notebook y smartphones, estamos dependiendo cada vez más de la nube. Aunque esto tiene un coste en términos de ancho de banda que las compañías y los consumidores debemos pagar, es un trato ventajoso debido a que podemos acceder a esto grandes centros de datos desde cualquier dispositivo, en cualquier lugar y en cualquier momento.
Hasta ahora estos enormes centros de datos han sido capaces de descargar y procesar toda la información, pero más pronto o más tarde esto va a cambiar. La razón es el internet de las cosas.

Cuando todo, desde coches y drones para vídeo cámaras y electrodomésticos esten transmitiendo enormes cantidades de datos desde trillones de sensores, el tráfico en Internet crecerá exponencialmente y, cuando eso pase, los servicios que requieren ser ejecutados en tiempo real para poder tener decisiones válidas necesitarán ser alojados más cerca para ser útiles.

Si gestionas un invernadero en Almería que tiene sensores para monitorizar los niveles de riego, de humedad y de temperatura ambiente, no necesitas una monitorización instantánea. Probablemente pueda ser mejor subir y procesar esos datos en la nube.
Por otro lado, si diriges una planta de generar electricidad con sensores controlando miles de instrumentos críticos, válvulas y turbinas, quieres conocer que está pasando en tiempo real. Más importante aún: la comunicación máquina-máquina debería ocurrir en tu red de área local para tener un tiempo de respuesta rápido.

Afortunadamente el poder de procesamiento, la velocidad de acceso a la memoria y la capacidad de almacenamiento en los dispositivos de cliente están incrementando, así como los anchos de banda de las redes móviles, WiFi, Bluetooth y otras arquitecturas de red. Esto permitirá distribuir las redes en neblina en los centros de datos de empresas, alrededor de ciudades, en vehículos, en hogares y en urbanizaciones. Incluso en tu propia persona vía los dispositivos qué llevas en la muñeca y sensores de tu ropa.

La nube y la neblina;vuelta a empezar

Equilibrando las necesidades de los usuarios, los arquitectos de redes pueden conseguir una óptima adaptabilidad y escalabilidad, combinando los recursos de la nube con los de las innumerables neblinas. Al menos esa es la teoría.

Si estás en el sector de la informática es probable que esto te suene extrañamente familiar. Cuándo empezó la informatización de las empresas y administraciones, accedíamos a servidores que estaban localizados en cuartos, desde lo que dependían “terminales tontos”. Luego vinieron los PCs y el procesamiento informático se expandió por las redes de área local.

Internet y el ancho de banda dieron lugar a la nube y la información empezó a concentrarse en servidores centralizados. Pero antes de que esta tendencia se consolide por completo, estamos regresando a redes descentralizadas de nuevo.

Parece que en la era de la información todo vuelve a los orígenes.

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